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RUTA DE GALLEGOS. TURISMO AL PARAISO


    ING. VLADIMIR HIDALGO LOGGIODICE

"Les voy a hacer una historia de la inmensidad del llano, para dejar un recuerdo a toditos mis paisanos. Compadre usted que es mi amigo, présteme la mula zaina a ver si puedo pasear todo el Apure en un viaje...". En la década de los sesenta del siglo pasado, desde la Fundación Rómulo Gallegos, Pedro Elías Hernández, Julio César Sánchez Olivo, Pepina Alvarado y otros valiosos apureños empiezan a trazar la Ruta de Gallegos para rendir homenaje al célebre escritor y establecer el recorrido que el autor inmortaliza en su novela Doña Bárbara. Aunque sus creadores originales la diseñan desde Caracas, por aquella famosa gira de Gallegos en el vehículo de Félix Barbarito para inspirarse en la indómita región; esta aventura parte en Puerto Miranda, estado Guárico, donde los visitantes son recibidos por las caudalosas y poderosas aguas del Apure. Al cruzar el puente María Nieves provoca gritar a los cuatro vientos, "Pescador del río Apure con tu alma sincera y buena, que te duermes en la playa y te arropas con la arena".




Ya en San Fernando, se respira un ambiente llanero en cada rincón, apreciándose de inmediato hombres con el inseparable sombrero. El Monumento a la Bandera da la bienvenida con sus bellas esculturas Fuente de la Abundancia y El Hombre a Caballo, del artista Alejandro Colina, y parece recordarle al Palacio Barbarito que está bajo resguardo y en tiempos florecientes. La estatua de José Antonio Páez es símbolo de coraje, valentía y libertad, y San Fernando Rey bendice a locales y turistas, augurando una felíz estancia en estas tierras de gracia. Bellas plazas, efigies y antañas edificaciones engalanan la capital e invitan a degustar deliciosas comidas criollas, destacando pescados y carne en vara. Desde aquí se abre paso un camino lleno de naturaleza exótica, realidades y leyendas; un itinerario cargado de magia y relajación para disfrutar con sentir regional.





La ruta cubre 270 kilómetros, aproximadamente, y es un destino turístico por razón de su exposición directa al medio ambiente, gentilicio y folclore. Desde San Fernando en diez minutos se arriba a Biruaca y en el parque Menca de Leoni, ideal para un desayuno con arepas, empanadas, pasteles y jugos naturales; da inicio la carretera troncal 2 que lleva a Puerto Páez, frontera con Colombia. El hechizo es instantáneo, lo natural atrapa y la vista se pierde en sabanas infinitas. Espejos de agua, olor a tierra húmeda, manadas de chigüires, siembras de cultivos y el vuelo de garzas, cotuas, zamuritas, corocoras, carraos y chenchenas, hacen sentir el vibrante orgullo venezolano por estos suelos bendecidos por el Creador. El arreo de ganado en la vía, aunque demora un poco, es un gozo donde hombres, bestias, vacas, toros y becerros ofrecen un panorama único.




Atravesar el caño La Piedra anuncia la entrada a territorio del prócer de independencia Pedro Camejo. Negro Primero abre las puertas de San Juan de Payara y con su lanza señala donde bailar con María Laya bajo el acompañamiento musical de Francisco Montoya, el Tigre de Payara, y letras del Indio Figueredo, "Salí para el bajo Apure en una potranca baya, tan solo por conocer a la India María Laya... Me han dicho que es muy bonita, que es rica y muy hermosa. Yo deseaba conocerla a ver si la hacía mi esposa...". El caño Apure Seco no detiene la marcha, el puente Bucaral lleva a la otra orilla para probar dulces y un bocado de carne asada a poca distancia. Paso Arauca "está ahí mismito" para elevar el espíritu y cabalgar en el lomo del puente Marisela, sobre el majestuoso río Arauca. La brisa trae palabras, "Un bongo remonta el Arauca bordeando las barrancas de la margen derecha...". Se siente la presencia de la pluma de Gallegos. Es impresionante seguir los pasos que alguna vez fortalecieron su musa, para dar forma en letras legendarias al relato de las vidas entrelazadas del recio Santos Luzardo, la brava del Arauca Doña Bárbara y la silvestre Marisela, que más adelante, con su esbelta figura mira las sabanas de La Candelaria, probablemente escuchando el rumor que aún la estremece sobre su madre, "La noticia corre de boca en boca, ha muerto la cacica del Arauca...". Una placa en su monumento expresa, "A Marisela. Rescatada de la barbarie por virtud del amor y de la voluntad civilizadora".







Prosiguen los caños Los Cañitos y El Cántaro antes de llegar a la Y de Cunaviche, una encrucijada que brinda la oportunidad de ir a esa población, girando a la izquierda, o explorar el Cajón del Arauca a la derecha. En esta segunda alternativa, fincas y fundos deleitan la vista con la riqueza ganadera, y las lagunas son un prismacolor de aves autóctonas. Una parada obligatoria en los señoriales Médanos de La Soledad, compuestos de blancas dunas arenosas que semejan un pequeño Sahara. Las aguas cristalinas represadas entre los montículos atraen la atención para un apetecible baño. Enseguida se pasa el río Cunaviche a través del puente La Soledad. El cambio en la vegetación es notable y la belleza aumenta. Los caños Cunavichito (puente San Felipe) y Río Claro (puente del mismo nombre) sirven de antesala al río Capanaparo, límite norte y pórtico principal del Parque Nacional Santos Luzardo, en honor al héroe gallegüiano. En el extremo sur del viaducto (La Macanilla) múltiples establecimientos ofertan sabrosas comidas típicas de la zona, artesanías indígenas y productos cárnicos, piscícolas y lácteos. Es una delicia probar ahí el primer pavón fresco de la travesía. No duden entrar al restaurante La Flaca, atención y platos de primera línea con sabor llanero.






En La Macanilla existen varias opciones de alojamiento, pero sin lugar a dudas la familia Rivero sobresale en el campamento Churuatas del Capanaparo, una divinidad a escasos metros de las playas más visitadas del estado, el balneario La Macanilla. La formación de meandros en las márgenes del río da paso a esa hermosura sin igual, donde se dan cita las más variadas actividades recreativas. De seguro muchos oyen en la noche al Dr. Marcos Hernández entonar el cuatro, "En la lejana barranca mi corazón se ha quedado, contemplado el espejismo en la pampa dibujado. Susurran los morichales al médano enamorado, una errante melodía que me tiene cautivado, y el espanto sabanero arrulla que ha silbado porque te vas con el alba Luna del Capanaparo...". A tan sólo quince minutos de ese punto hay un tesoro guardado llamado Puerto Escondido. Regresando a la carretera nacional, la siguiente escala es en el caño La Pica, de costas níveas rodeadas de morichales. "A quién no le va a gustar estar bien enamorado de una muchacha bonita buena por los cuatro lados...".





A baja velocidad, para no perder detalles, se contemplan las únicas elevaciones del sector, las Galeras del Cinaruco, formaciones montañosas que tienen la misma estructura geológica del macizo guayanés, rodeadas de planicies y bosques. Desde sus laderas bajan aguas transparentes que constituyen en la base una piscina natural conocida como el Pozo del Amor. A ellas se accesa caminando, en embarcaciones fluviales y vehículos rústicos durante el periodo de sequía. Navegar el vecino río Cinaruco, frontera sur del parque, es un verdadero placer para los sentidos, por la exhuberante flora, diversidad avícola, color de su caudal y la posibilidad de pescar un enorme pavón. Es el afluente más anhelado por los pescadores deportivos y en él se realizan campeonatos nacionales de esta disciplina. Al igual que todos los ríos antes mencionados, están en su máximo esplendor durante la temporada invernal desde mayo a noviembre. En verano se reducen considerablemente, dando paso a hermosas playas de enorme atractivo turístico, visitadas cada año por excursionistas de todo el mundo.






En el espacio demarcado por las galeras y el río, exhiben sus servicios un buen número de encantadores campamentos vacacionales especialistas en pesca deportiva, donde se percibe la llaneridad en todo su esplendor. Recomendación por su gran experiencia, El Guayabo, Ronald Ranch, El Remanso, Cinaruco Fly Ranch, Laguna Larga, La Bendición, La Bonita y El Oasis. Paseos en lancha, piscinas, pesca, baños en las exquisitas riberas, música llanera en vivo y otros entretenimientos forman parte de una espléndida estadía que siempre dejan ganas de volver. La última estación es Puerto Páez, población que limita con los estados Bolívar y Amazonas, también con los departamentos de Puerto Carreño y Vichada de Colombia. Las casas están construidas alrededor de formaciones rocosas y en la orilla norte del encuentro de los ríos Orinoco y Meta, todo un espectáculo.








La Ruta de Gallegos es rica, llena de pluralidad geográfica, historia, encantos y placeres; donde solo se respira satisfacción y deseos de permanecer en ella. Por eso Rómulo Gallegos la hizo suya y nosotros la convertimos en una Vivencia de mi Pueblo.

*** Edición y Montaje, Lic. Wladimir José Hidalgo Benítez.

*** Agradecemos a la polifacética Pepina Alvarado y la Prof. Yubirí de Aracas por el asesoramiento en materia de geografía apureña. A todos los campamentos nombrados por prestarnos sus fotos. A la página senderosdeapure.net por su apoyo fotográfico.

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